Tres años después del ataque de Hamás del 7 de octubre, que dejó alrededor de 1,200 muertos y 251 personas secuestradas, las heridas siguen abiertas en Israel y numerosas preguntas aún esperan respuesta.
El primer ministro Benjamin Netanyahu acude a las urnas bajo cuestionamientos por los fallos de seguridad que precedieron al ataque. Además, enfrenta un juicio por corrupción en Israel y una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad en Gaza. Netanyahu rechaza las acusaciones en su contra.
Entre sus principales rivales figuran Gadi Eisenkot, exjefe del Ejército israelí, y Naftali Bennett, quien también ocupó el cargo de primer ministro. Las encuestas previas apuntan a un Parlamento fragmentado, sin una mayoría clara, lo que podría obligar a los partidos a negociar para formar Gobierno.
Los israelíes votan hoy para elegir un nuevo Parlamento, en una jornada marcada por la incertidumbre política y las consecuencias de la guerra.
Sin embargo, más allá de los resultados electorales, permanecen los interrogantes sobre las responsabilidades por los fallos de seguridad, el impacto del conflicto y las profundas divisiones de una sociedad que continúa buscando respuestas.

